Hace varias noches reconocí esos ojos brillosos, temerosos y en estructura seguros.
El invierno ardía sus brisas sobre mi piel, la helaba.
Caminando sobre las calles empedradas y melancólicas de mi ciudad, cultivando charlas filosóficas sobre temas sin sentido, pero que gravitaban cálidamente en el entorno de la amistad.
Así sucesivamente.
Tan repetida se volvió la historia, pero sin dejar de poseer ese valor inalcanzable de las filosofías reídas y anécdotas imborrables.
Hasta que un día llegó.
Menuda y de pelo lacio, con inocencia adolescente, acompañada del brazo por un ser cercano pero a su vez lejano. Eras una princesa en brazos ajenos, la cuál robó la atención de mis ojos, de mi interior. Pero prohibida.
Cercana a mi entorno íntimo, pero sin pertenecer, allí vivió.
Mis prioridades por cuidar la familia adoptiva me alejaban de su corazón, en silencio; pero a su vez aún estaba allí brillando como una princesa salida de un cuento, obligando a reprimir mis deseos, pero a su vez acrecentándolos.
Continuó mi camino, repleto de diversos ingredientes que le dan sabor a la vida, historias mínimas y grandes, enseñanzas decepciones pero el tiempo corría…y ella aún seguía allí…
Los vaivenes del tiempo corrían, la arena no menguó su incansable camino de ida y vuelta entres esos cristales curvos que marcan el tiempo, que lo apresan y que al mismo tiempo como si fuese paradójico la misma sensación creaba en mis deseos.
Celebraciones conjuntas, nidos de alegría donde solo esos ojos generaban mis excitaciones de atracción que aún así continuaban ocultos.
La princesa se liberó y los acercamientos comenzaron a producirse, cada vez más cercanos, cada vez mas intenso, cada vez mas peleado pero aún así sin concreción pero esta vez no conozco ni puedo explicar el motivo. Tal vez se hizo bella solo en mi mente, dueña y señora de mis fantasías, protagonista de esos besos y del fuego de su mano que hervía mi sangre. Lo platónico abarcó más que la mismísima realidad. Y creo que es así y debe seguir siéndolo.
Sin tener en cuenta esa noche en la que mis manos casi tocaron ese cielo. Probar esos labios y sentirlos correspondidos en un momento fue algo único, pero sólo fue eso, una noche de ternura y dulzura que durante mucho tiempo soñé, y que superó las expectativas, pero fue solo eso, una noche mágica la cuál jamás olvidaré, ese sabor de sus labios, su dulce compañía, esa eterna ternura que estampó en mí esa noche.
Todo volvió luego a ser como siempre. Solo fue un oasis. ¿O tal vez fue un sueño caído de mi mente que se volvió realidad?
Hace varias noches reconocí esos ojos brillosos, temerosos y en estructura seguros, eran los tuyos.